Porque, a veces, la seguridad y la estructura marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
La adicción no es una cuestión de fuerza de voluntad.
La adicción es una enfermedad progresiva, destructiva y mortal.
En Estados Unidos, miles de familias ven cómo sus seres queridos se hunden cada vez más en la adicción porque el sistema no puede intervenir a menos que el paciente “acepte” recibir ayuda. Pero en los momentos más oscuros de la adicción…
la mayoría de las personas no están preparadas, no tienen las ideas claras y no son capaces de elegir la vida.
Y por eso mueren.
Las clínicas de rehabilitación con confinamiento existen para esos momentos críticos, cuando una persona necesita protección contra su adicción, incluso cuando no es consciente de ello. No es un castigo. No es una imposición.












